sábado, marzo 28

AL PASAR LA BARCA

Me dijo el barquero: las niñas bonitas presentan programas. (¿O dijo pogramas?). El caso es que yo le contesté: Yo no soy presentadora ni lo quiero ser, yo quiero ser humorista como una mujer. Entonces, enseguida el barquero se me puso hablar de sentadillas y de cremas anticelulíticas. Porque en un silogismo catódico diríamos: “Patricia Conde es humorista, todas las tías que salen en la tele quieren ser graciosas, luego todas las tías que salen por la tele son Patricia Conde y, por lo tanto, están buenísimas”. Y si en algo parece haber quórum en estos días fuera y dentro de la pantalla es: una tía buena merece, cuando menos, ser mirada y, de paso, escuchada. Las feas comenzarán sus speeches mofándose de su fisonomía para justificar su presencia delante del teleprompter y su inaudita ausencia de piernas kilométricas.

Y todo esto empezó con un táper de croquetas. A ver, todos los lunes nos juntamos las amigas a reflexionar y a compartir nuestros respectivos alijos de anfetaminas y tranquimazines. Y al rato pues nos entra una flojera que alguna tiene que convidar a viandas reconstituyentes. Así fue como mi Lola se sacó generosamente un táper de croquetas que tenía guardadas para su José Luis, que está en 4º de derecho con 38 años. En fin, al lío, que a alguien le dio por comentar la retirada del anuncio de las Letras del Tesoro por parte del Ministerio de Igualdad –al que bien podríamos ya llamar el Ministerio del Circo y los Enanos. Y después de ponderar el caso concluimos que si esa chiquilla –léase la ministra ad hominem– no enciende la tele o la radio un mísero día al año. Porque hay que ver la minucia que ha ido a señalar, que bien quitada está, yo no digo que no, pero es como si vas a Iraq y le dices a Bush que vaya cómo tienen a las mascotas sin su pienso para gourmets. ¡Hombre, por dios! Y de ahí se sigue mi reflexión primera: ¿Acaso no es el sexismo más endémico a la televisión y la publicidad que las 625 líneas de su formato?

Porque digo yo, si por poner un ejemplo, la niña de Rajoy se parara un día cualquiera delante de la tele vería toda su vida pasar delante de ella así como esos que medio se mueren. Vería todos los arquetipos a los que está destinada, pero sobre todo detectaría que con un buen blanqueamiento dental, unas prótesis bien injertadas y un tío al lado siendo convenientemente paternalista y llevándose la chicha de todos los guiones –vease Ángel Martín (Sé lo que hicisteis)–, se llega bien lejos en esto de los media entertainment. Siguiendo el método científico observamos que todas las mujeres televisivas con pretensiones humorísticas ostentan carne muchachil, sonríen a saco, se dejan dirigir y cuidan a su compañero de guión, mesa o plató. En fin, todas las estrategias que te ayudarán en la vida moderna, niña bonita.

Las donnas de la tele juegan siempre –si no juegan, en El Hormiguero (Cuatro) y Muchachada Nui! (La 2) directamente no existen– un papel subordinado al conductor o director supermacho o superlisto –y esto en el caso más afortunado del humor patrio. En el lado más desafortunado, pero no por ello menos ilustrativo, destacan los profundísimos roles femeninos de Pluton BRB Nero (La 2) –la tía buenorra y encima cyborg y/o la maruja que persigue al capitán de la nave. Joder, si eso es el futuro, me quedo en los ‘80, donde al menos ponían La Bola de Cristal.

Los de la Common Wealth, siempre avezados en estas cosas de la cultura, despuntaron años, pero años ha, con Te quiero, Lucy (ABC) o el Show de Carol Burnett (CBS) y más recientemente en el circuito off comedy americano Sarah Silverman (impagable su hit I’m fucking Matt Damon, búsquelo en YouTube) o Kathy Brand, autoapodada ‘Culo- Gordo’, cuyo show triunfa en la pérfida Albión (aquí en Digital+), en el que se come con papas ella solita un espacio entero y unas parodias al estilo Testimonios de los Muchachada, pero, por fin, escritas, dirigidas e interpretadas por una mujer que se ríe de las propias mujeres. Autonomía humorística; y encima está gorda. Impagable.

Como por aquí somos tan copiotas con eso de los formatos y los iconos, pronto aparecerá un remedo latino, aunque me temo que para que surja alguien con una libertad creativa de ese tamaño tendríamos que pasar lustros imitando a la BBC –cosa improbable– y olvidar la insidiosa obsesión de que todas, todas, todas las tías que salen por la tele estén buenísimas y se nos recuerde a cada paso, como si no fuera evidente.

Destaca la nueva chica Caiga Quien Caiga, Estíbaliz Gabilondo, que imita en trazas a la mencionada Silverman; además, no es humorista en sí, sino que le ha sido adjudicado el papel de escucha y resuelve injusticias. También muy de la mujer de aquí. Menos escucha y más producción. Menos subordinada y más enunciativa. Menos cacha y más humor, por dios o por la virgen. Mujeres humoristas de la piel de toro y archipiélagos, salid del armario, mostradnos vuestra celulitis, liberaos.


PUBLICADO en Diagonal, nº 87, Octubre 2008.