Hay ahora mismo reinando la parrilla un programa que me encanta, de verdad. Me hace pasar unos ratos fenomenales y el presentador es un crack. Es un hombre pequeño, la mar de salao, con una barbucha pelirroja como de haberse quemado tras lustros de after shave y una estatura que hasta en la tele se ve que es escasa. Es un tío guay. Un tío que se lo ha currado. Se llama Pablo y se apellida Motos. Viene de la radio y es cantidad de gracioso el nota. Le duele la boca de decir que tiene un equipazo aunque todo el programa pivota en torno a él, un líder, un hombre como sietemesino pero que tiene ese don incontrolable de caer simpático a las masas y de saber esconder su infinidad de complejos tras una pátina de pretendida autoparodia.
¿Se me ha visto ya el plumero? Si, como dijo el gran Jordi Costa, el siglo XXI es el siglo XX contado para niños, El Hormiguero, este programa tan flipante y original del que hoy disertamos, es un programa infantil, pero de esto sólo se dan cuenta los niños, a los que, con toda razón y derecho, encanta. El programa reina desde hace unos meses casi sin competencia lo que se conoce como franja pre-prime time.
Esto es: el ratico de justo antes de sentarse con el bocata de tortilla francesa con atún bien chorreante delante de la tele. Técnicamente va –la franja horaria, no tu bocata– de las 20h hasta el inicio de los espacios estelares de las 22 horas. Comenzó como una posibilidad de arañar puntos de share y engatusar a la gente hacia el sofá y se ha convertido en uno de los bombones de programadores, directivos y presentadores. En esta franja –me encanta decir franja: franjafranja, queda como muy riguroso– compiten hoy por hoy el susodicho Hormiguero (Cuatro), El Intermedio (Sexta) y Camera Café (Tele5). Antena 3 y TVE1, que parece que no acaban de pillarlo, a por uvas.
Al turrón: El Hormiguero, programa de entretenimiento (antaño variedades): empieza con un monólogo ad hoc modelando la actualidad del día y con Prisa. Continúa recibiendo a un personaje famoso en promoción, mayormente advenedizo, dos condiciones por otro lado no reñidas. Si es chico se pondrá a prueba su hombría con alguna machada de barra de bar, si es chica, cómo no, se ponderará la turgencia de sus senos y/o piernas y su liquidez neuronal antes de entrar en harina. Cosas.
El formato entrevista sufre con la violencia de género –muy común– que le propina el propio Motos y dos mascotas estrangulables recogidas del taller del alumno retrasado de Jim Henson: Trancas y Barrancas. Olé. Todo un hit con merchandising propio del que se reirán, como en un bucle infernal, en un programa futurible similar al Hormiguero un par de colaboradores parecidos a los hoy manipuladores de las marionetasinsectos.
Secciones fijas también son una canción ‘cachonda’ para mandar a los peques de la casa al catre, con melodía robada a unos insensatos Farfare Cioccarlia; un espacio de ciencia en el que un tipo sobradísimo al que le gusta travestirse y que daría él mismo para una columna crítica, pone en peligro a todo un equipo con su delirio de ser ignífugo. Sólo diré que el interfecto se hace llamar Flipy. Silencio. Los nombres hablan a veces por las cosas. Flipy. Perdón. Otras secciones diarias: el Rap, repasa desafinando los high lights del día; Frases Célebres de niños –cursis hasta la arcada y además intuyo que falsas– o el kiosco, en la que, oh, milagro, los que hacen de hormigas salen de debajo de la mesa y hablan sobre revistas raras, regalándonos por lo tanto unos bellos momentos sin las vocecitas de sus laboriosos alter egos.
La cabeza visible de este circo más que nada insustancial es Pablo Motos, un personaje sorprendentemente en alza, de esos que está deseando que lo entreviste ya Jesús Quintero para asegurar con voz grave: “Mi secreto es la suma del trabajo de mi equipo. Mi gran número de colaboradores son, quiero pensar, por este orden, buenas personas y gente con talento”. O algo así. Y dale con lo de ser ante todo buenas personas. A un portero de finca o a un panadero nadie le pide que sea buena persona, se le presupone, mientras que los personajes públicos parece que tuvieran que aclararlo continuamente.
El menda, perdón, su equipo, se llevó en 2008 el Ondas televisivo al Mejor Programa de Entretenimiento por, sic, la innovación y la osadía del formato, y por su reinvención de la televisión familiar. Lo mejor es lo de la osadía y lo peor el bochornoso número musical que preparó el equipazo Motos y que confirmó que pese al protagonismo de las cancioncillas en su programa, cantar, lo que es cantar, pues no se les da. Lo mejor de El Hormiguero es que da bastante juego a Ángel Martín en su sección del Sé lo que hicisteis y además, como el programa es de Cuatro, puede pinchar íntegras las secuencias en las que Motos trata de cruzar la barrera del sonido mientras le arde el mono de amianto y le sale mal. Aunque el ego de Motos yo calculo que podría cruzar él solito todas las barreras habidas y por haber.
Así que, ya sabéis, familia –cristiana o progre–, si queréis entretenimiento sexista y chorra de altura, dejad la Cuatro después de Gabilondo: encontraréis un tío “quetecagas” de majo que os estragará la exigua cenita a la que seguro os enfrentáis. Ánimo, chicos. Si sobreviven para mi próxima entrega, les hablo el próximo día de Granjero Busca Esposa, también, joder, en Cuatro. Los Polánquez están que se salen...
