sábado, marzo 28

EL SHOW DE LAS B(F)EAS

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RUTH NÚÑEZ es la actriz que encarna a Bea en la versión española.

Como en un diabólico simulacro la vida copia a la ficción. La pareja protagonista de la serie Yo Soy Bea (Telecinco) está también liada en eso cada vez más sospechoso que es ‘la vida real’. La serie ‘acabó’ –lo de las comillas se explica más adelante– el domingo 8 de junio en prime time después de dos años en antena y 450 capítulos, con el bodorrio ficcional de ambos. Y las fotos del rodaje fueron fatalmente publicadas tres días antes del último capítulo para horror de los productores, que habían logrado mantener a Ruth Núñez (la actriz supuestamente guapa que encarnaba a Bea), bajo un draconiano contrato, en una especie de semicautiverio del que no me extrañaría que hubiera fingido hasta querer casarse para poder salir a la calle con el pelo suelto y sin gafas. Mientras, en el plató de la productora Grundy, trabajadores al aparato: “Acoso laboral, jornadas que sobrepasan en muchas horas los planes de trabajo, despidos arbitrarios y pésimas condiciones de seguridad e higiene en el trabajo”. Por no hablar de los guionistas, que ni siquiera pertenecen al convenio de técnicos audiovisuales.

Hasta son llamados “lionistas” por los integrantes de los foros de seguidores que cuajan la red. Y es que sobrepasado el año de emisión, ante el rotundo éxito, los dueños decidieron extender artificialmente la vida de la gallina de los huevos de oro, sometiendo a la audiencia a un duro examen de conciencia que les ha ido obligando a elegir entre su permanencia en el colectivo altruista que compone el share o reconocer honestamente que la serie iba a la deriva y que ya, lo de menos, era la ficción. El nicho de mercado se había zampado a la teleserie. Un intercambio incesante de actores y unas subtramas más soporíferas que las intervenciones de Pedro Solbes hacen exasperar al más convencido. Y es que hasta los culebrones tienen su medido tempo.

Aun así, muchísimos espectadores han seguido a Bea hasta el final desafiando en fidelidad a los parroquianos de Hillary Clinton. Y todo para asistir al previsible final del proceso de transformación de Beatriz Pérez Pinzón en Beatriz Pérez Pibón –perdón–. Después de escribir la última página de su blog Feonautas, Bea dejó su piso del extrarradio para irse a un spa-tierra de Oz de la mano del personaje-relevo, Be, un pibón verdadero y sin cerebro, que le mostrará los caminos redentores de la minifalda y el serum reparador de esas pieles castigadas y sin brillo. Porque, dios todopoderoso, la serie no se acaba, cual empresa boyante se deslocaliza y recoloca sus stocks en un delirio mercantil.

Como a un Franco cableado en el quirófano, los productores no han desenchufado el respirador hasta haber encontrado el modo de mantener viva la llamita del producto. La nueva reina, Be, la guapa con problemas de sinapsis, ocupará un trono discutido que sólo la insistencia ciega y la infinita mansedumbre del público podrán mantener en pie. ¡A ver si la serie va a resultar ser un trasunto arriesgado de la Transición española en plan memoria histórica para todos los públicos! Por suerte, el martes 10, para paliar un poco el tostoncísimo verano eurocopista-olímpico que se nos viene encima, Cuatro ha echado el último órdago en el duelo de las Feas: Ugly Betty (ABC), la serie que lo está petando en los Estates. ¿Su secreto? Aparte de la eficacia del cuento del patito feo, pasar las mimbres del primigenio culebrón colombiano Betty La Fea (RCN, aquí pasado por Antena 3) a la cuerda del nuevo producto cultural de gourmets con proyector casero y pack DVD de lujo: la Alta Cultura de la Buena Serie.

Precedida por su éxito y el de América Ferrara, una solvente actriz hondureña, esperamos que esta nueva versión nos haga olvidar el regusto del refrito del engendro al que nos ha sometido Grundy/Telecinco durante dos años –que no es lo mismo que dos temporadas–. Cual Jim Carrey encontrando la puerta de salida del estudio del Show de Truman más allá del mar, imaginamos a Ruth Núñez saliendo en zapatillas de estar en casa camino al próximo casting, mientras alguien susurra a su paso: “Mira: por ahí va la Fea”.


PUBLICADO en Diagonal, nº 80, Junio 2008.